El Sillón de la Europa Social · 15 min
Enrique Barón Crespo
Expresidente del Parlamento Europeo
Resumen de la conversación
Enrique Barón Crespo recorre la incorporación de España a las Comunidades Europeas y el desarrollo de las políticas de cohesión. Explica la relación entre las decisiones presupuestarias y los derechos sociales, y destaca la evolución del movimiento de la discapacidad hacia un papel propio en la vida política. Ante el próximo marco financiero, defiende preservar los recursos y la identidad del Fondo Social Europeo.
Transcripción de la entrevista
Yo he tenido en mi vida dos grandes amores políticos. Eh, uno, conseguir que España fuera un país democrático, y otro, que nos incorporáramos a la Europa que se estaba construyendo en la posguerra, en paz y unida. Esto es lo que ha ocupado básicamente mi vida, y tengo que decir que no solamente ha sido amores platónicos, sino que he vivido esa transformación, he participado en ella. Y la dimensión social, en primer lugar, es la ciudadana. Con la democracia somos ciudadanos de España y, desde el tratado de Maastricht, cuando la caída del muro, ya conseguimos proponer la Europa de los ciudadanos, y la dimensión social es fundamental.
No hay que celebrar solo los 40 años. Los 40 años es cuando nos incorporamos plenamente. Nosotros queríamos acabar con la dictadura e integrarnos en Europa con un sistema democrático, superando además todas las huellas de la guerra civil. Por eso, los 40 años es cuando pudimos participar como protagonistas, pero eso fue el fruto de un trabajo perseverante y muy importante de la sociedad española, que yo creo que hay que subrayar: no es que llegáramos y nos dieran un premio, nos costó mucho. La transición fue uno de los puntos esenciales, con un acuerdo muy amplio de todas las fuerzas políticas y sociales, y por eso celebramos que lo conseguimos. Pero no es que nos tocara un premio porque sí.
La dimensión social nosotros la consideramos fundamental, pero no es que empezara a apuntarse. Eh, ya había elementos, pero no eran los fundamentales. Era la época en la que se hablaba del mercado común, porque se había conseguido ya poner las bases del mercado común. Pero yo le puedo decir que, bueno, no solo para mi familia política, eh, para la socialdemocracia, sino para la democracia cristiana, para otras fuerzas sociales, digo a nivel europeo, no solo en España, la dimensión social también era un elemento importante. Eso no se ganó Zamora en una hora, eh, eso hay que trabajarlo.
Yo fui miembro del gobierno que acabó la negociación de entrada, el primer gobierno González, porque la entrada fue el 12 de junio de 1985. En el Palacio Real firmamos la entrada, primero de Portugal y luego de España. Yo recuerdo que, por ejemplo, como ministro de Transportes, una de las prioridades era la eliminación de las barreras para poder acceder a los medios de transporte: autobús, metro y tal. O sea, que ya empezaba a adquirir, diríamos, entidad este derecho que da la plena ciudadanía a las personas, bueno, con menor capacidad, ¿no?, diríamos física.
Yo entré en el Parlamento Europeo en 1986 y fui elegido presidente 3 años después. Eso sí que es un premio de la historia. Y la dimensión social era uno de los caballos de batalla: conseguimos incluir la ciudadanía europea en el tratado de Maastricht, que es el hijo más, eh, directo y más fecundo de la caída del muro. Y ese fue un hito, pero en la medida en que se incorpora la democracia y se incorpora la igualdad de los ciudadanos y de derechos, que además conseguimos, con un gran trabajo mucho después, que entrara en la Carta Social Europea, yo creo que es uno de los elementos que define la Europa unida que estamos construyendo. Y eso, pues, no se hizo de la noche a la mañana.
Lo que no está en el presupuesto, pues, es retórica política. Es lo que pasa también en la vida familiar. Muchas afirmaciones, mucha, mucha polémica, pero, diríamos, el compromiso es en lo que está presupuestado. ¿No había un político mexicano que decía que el que vive fuera del presupuesto vive en el error? No se trata solo de hacer discursos, se trata de tomar decisiones y hacer cosas. La batalla presupuestaria es una batalla esencial en democracia, y ahí se produjo un encuentro, no una coalición, entre un momento histórico creativo, como era el del final de la Guerra Fría y la caída del muro, y luego la decisión del gobierno español con la presidencia de Delors. Fue un gran presidente de la Comisión; no era un gran profesor ni un gran político, era un sindicalista del Banco de Francia, eh, y sabía, sabía tratar cosas concretas. Entonces Delors situaba la cuestión social como prioridad fundamental, porque la vivía. Ahí llegamos a formular, a teorizar esto con, no solo la política social, sino con la política de cohesión, que se concretó en la duplicación, por dos veces, entre final de los 80 y los 90, de los fondos estructurales, y la vida y la intensificación del Fondo Social. Y el lanzamiento de la idea de la cohesión no fue una tarea fácil, porque, por ejemplo, para entendernos, un país que tiene una enorme dimensión y tradición social como Alemania, la idea de cohesión, que es una palabra de origen latino que entendemos franceses, portugueses, italianos y tal, y belgas, y hasta los británicos, para los alemanes, pues, era, si me permite, era Zusammenhaltung. Sí, sí, impresiona, ¿verdad? Ellos empezaron a utilizar cohesión con K, que parece como más fuerte, pero, claro, la cohesión es la fuerza que permite a los átomos mantenerse unidos. Eso es la cohesión. Y entonces, en la argumentación era: bueno, no se trata solo de hacer, diríamos, una zona de libre cambio, se trata de hacer una unión en la que podamos ser ciudadanos.
Y eso es lo que explica, por ejemplo, lo que hicimos en España: la modernización de toda la red de carreteras y de autovías, la modernización de los sistemas de depuración de aguas, modernización de la red de aeropuertos, el transformar la RENFE en un ferrocarril moderno. Eso todo tiene una idea fundamental, que es la de la cohesión. Y la cohesión empieza, pues, a nivel municipal. También la gestión municipal ha sido muy importante, porque la democracia empieza en los pueblos y en las ciudades, no empieza en Bruselas o en Estrasburgo.
Eh, fue un momento del que yo guardo un gran recuerdo, porque la Comisión Social, muy activa del Parlamento Europeo, organizó una audiencia, una sesión de audiencia con las asociaciones que trabajaban con situaciones de discapacidad, y para eliminar barreras, y para una labor educativa y de incorporación. Y entonces invitaron, compareció la ONCE, me vino a ver el presidente de la ONCE, que era Miguel Durán. Además, me impresionó mucho porque era una persona muy despierta, muy aguda. Me acuerdo que, además, no sé por qué, citó a Unamuno y a Ortega y tal, o sea que, y entonces fue a la comisión y explicó lo que hacía la Fundación ONCE, cómo estaba gestionada, a qué se dedicaba, cómo invertían los fondos de la lotería, del cupón: los invertían en actividades de formación y demás, y como también tenían presencia ya entonces en televisión y tal. Entonces, un diputado británico le preguntó, le dijo: "Pero ustedes, ¿y no han entrado en el mundo financiero, en bolsa?". Y la contestación fue: "Es que no nos han dejado". Pero, espera, ¿usted por qué hay que limitarse al asistencialismo, a lo que se llamaba la beneficencia? Yo creo que es un ejemplo que no necesita explicación.
No se trata solo de derribar, es que, bueno, es que evidentemente, hombre, eso pasa también en las familias, eh, cuando se trata de repartir el esfuerzo: no es repartir el gordo, es explicar que está también en tu interés el que me vaya mejor a mí. Por ejemplo, España era ya una potencia turística. Es que las inversiones en autovías y las inversiones en depuración de aguas, pues, no solamente era para los españoles, era también para los turistas. Y además no se hacía solo con, eh, tecnología española y con equipamiento español y maquinaria: eso le dio mucha actividad a la industria europea de otros países, no solo alemana, eh, pero, por ejemplo, esto, italiana, belga. Es un principio en el que todos salimos beneficiados y, además, consolidamos, pues, un principio que es no solamente la unidad, sino la solidaridad.
No se trata de que nos vinieran a dar, o sea, todo esto se hizo con un control riguroso, y le puedo decir que en los primeros años se extendió, no solo en el Parlamento Europeo, sino en las comunidades, en la Comisión, en el Consejo, se extendió muy rápidamente una definición de los españoles: nos llamaban los prusianos del sur. Prusianos siempre eran la imagen del militarismo disciplinado alemán del Reich. Decían: "Es que estos españoles juegan como un equipo y tal, y además están coordinados, o sea, y además saben lo que quieren, y además no vienen a pedir, vienen a decir: 'Oiga, mire usted, lo que propongo, lo que necesito es esto, pero esto también usted puede participar'". Es, eh, un principio que yo creo no solo beneficioso, yo creo que es un principio democrático que nos ha permitido llegar hasta aquí y cambiar la historia de Europa.
Eh, la única respuesta que puedo dar es que cada día tiene su afán y no hay que dar en la vida nada por adquirido para siempre. Y entonces, una dimensión como la dimensión social, que es una dimensión básica de la ciudadanía, porque no es que uno esté más a favor o menos de lo social, es que en nuestra carta de identidad europea esa dimensión también está: la dimensión social, que no es que seamos más sociales o menos, es que forma parte de nuestra identidad como europeos, que genera derechos que no solamente se pueden defender, sino que se pueden llevar ante los tribunales. Por ejemplo, en este momento, que es un momento en el que tenemos un desafío que se puede resumir diciendo, pues, que tenemos que defender lo que hemos conseguido, por la vía también de la seguridad y la defensa, eso significa que eso tiene que ser compatible con nuestros valores y con nuestras políticas. Los europeos hemos tenido muchas guerras, eh, no se trata solo de invertir todo en armamento y en defensa. Se trata de hacer compatible la defensa de lo nuestro con, verdaderamente, una Europa que, curiosamente, sigue siendo un imán, ejerciendo un efecto de imán en todo el mundo, desde el punto de vista no solo de su visión social, sino de lo que son los bienes públicos que generan los derechos fundamentales, básicamente educación y salud y sanidad. Y esas son dos batallas en las que las personas con discapacidad están muy activas y tienen mucho que decir.
Es la esencia de la política y hay que repetirlo, eh, porque hay mucha gente que lo que trata es de criticar e, incluso, desgraciadamente, de insultar. Yo he aprendido, porque además fui responsable presupuestario en 1977, incluso para los parlamentarios, había gente que decía: "Bueno, esto del presupuesto te lo dejo a ti, que es muy complicado". Y yo les decía: "No, no, habrá que sumar y restar, pero es el gran debate político y el momento de las decisiones". Y lo demás no es que sea pólvora en salvas, pero las decisiones se concretan en el presupuesto. Es donde se ve, aparte ya de la retórica y los discursos, cuáles son las opciones. Por eso los debates, los debates presupuestarios son tan importantes, y el marco financiero es el que define, para un periodo, si no lo han cambiado, de 7 años, casi bíblico, eh, define las prioridades fundamentales. Bien, esa es la esencia. Lo que pasa es que hay que trabajar y hay que estudiar, eh, y echar cuentas.
Yo es que creo que no hay que dar la batalla por perdida. Uno tiene que defender sus posiciones. A mí lo del Fondo Social Europeo, yo no veo por qué hay que cambiarlo, y desde luego hay que luchar por mantenerlo y, sobre todo, pues, porque hay que hacer frente a situaciones que siguen existiendo. Entonces, yo creo que no hay que dar por perdida la batalla. Las batallas más pasionales que he vivido yo en Europa y en España son en torno al presupuesto. Pues hay que darla. Quien tiene la responsabilidad de proponer el presupuesto es la Comisión, primero en la Comisión y en un órgano del que no se suele hablar, que es fundamental, que se llama el Coreper. El Coreper es el comité de representantes permanentes, que es como la comisión de subsecretarios, que son los embajadores. Y luego, en paralelo, es una batalla que en el Parlamento y con la opinión pública, como todas las grandes batallas, han conseguido que la discapacidad organizada sea un sujeto social y político. Y además, como he dicho antes, con respeto y consideración internacional, una vanguardia, vamos, históricamente. Yo creo que también su ejemplo puede concretarse en un paso fundamental que en España está pendiente, y es que haya un registro público de los grupos de presión y de interés en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Y esa no es una cuestión de partido, es una cuestión de democracia. Y no lo acabo de entender. Ese es un aspecto fundamental de la democracia que me llama la atención que en España esté bloqueado todavía y que no sea una cuestión prioritaria social. Y las personas con discapacidad son una vanguardia que ha mostrado cómo se pueden cambiar las cosas.
Pues dejaría de ser el proyecto por el que he trabajado si se volviera las andadas, es decir, se volviera a creer que lo nuestro es lo mejor, que nuestra misión es dominar y guerrear con el vecino y explotarle y sojuzgarle, en vez de compartir no solo valores, sino destino con él. No es una reflexión teórica, es algo que forma parte de ese propósito de la enmienda histórica que ha hecho que un gran historiador, Fernando Braudel, decía: "Europa, infierno y paraíso". Pues que Europa, que en más de una ocasión ha sido infierno, no es que se convierta en un paraíso, pero en un sitio en el que podemos habitar, compartir y vivir dignamente. Y eso supone, como uno de los retos esenciales, la eliminación de barreras y la integración de los que tienen distinta capacidad.

